Reino Unido experimenta una alta inflación que golpea a la ciudadanía, en especial a la de más bajos recursos.
Por esto, los ciudadanos están adoptando medidas drásticas de ahorro para hacer frente al elevado precio de los bienes y servicios, en especial de los alimentos. Según un estudio de la firma Ipsos, una de cada tres personas manifestó haberse saltado una de las tres comidas diarias principales.
Se trata de un fenómeno que no se veía desde hace 30 años. Los pronósticos son de aumento de precios y merma en el poder adquisitivo. Esta situación generará más “ansiedad” en la población y “mantendrá presión sobre el gobierno para que tome medidas que ayuden a las personas”, aseveró Gideon Skinner, jefe de Investigación de Ipsos.
Otra encuesta, realizada por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS, por sus siglas en inglés), da cuenta que 41% de los entrevistados manifestó reducir sus compras por efecto de la inflación. Para poder adquirir los alimentos, las familias están recortando gastos, como electricidad, gas, servicios tecnológicos y el usar el vehículo menos veces para evitar desgaste.
Las proyecciones de la ONS indican un nuevo ajuste tarifario en octubre, cuando la Oficina de Mercados de Gas y Electricidad revise los topes de precios. Esta medida impactará el costo de los alimentos pues los productores transferirán sus costos al producto final.
Sabine Goodwin, coordinadora de la Red Independiente de Ayuda Alimentaria, señaló que la crisis por alimentos empeora a diario y “su impacto a largo plazo será devastador”. Muchas personas en eino Unido dependen de donaciones para alimentarse y, en este sentido, Goodwin indicó que la demanda ha crecido tanto que los proveedores tratan de mantenerse al día para brindar apoyo.
La demanda por alimentos es hoy más alta que en años anteriores y casi la totalidad de las organizaciones benéficas (90%) necesita tener más insumos para apoyar a las familias más vulnerables. Lindsay Boswell, directora ejecutiva de FareShare, que distribuye alimentos a organizaciones benéficas, hizo un llamado a los supermercados para que aporten más insumos para llevar comida a los estratos más bajos de la sociedad.
Algunos hablan del adiós a “la era dorada de la comida barata”, como Justin King, ex jefe de Sainsbury’s, la segunda cadena de supermercados más grande del Reino Unido. King dudó que los supermercados sigan compitiendo bajando los precios porque sus márgenes de ganancia ya son mínimos. Queda para los británicos de escasos recursos económicos ir ajustando su presupuesto cada día más para dar prioridad a la alimentación antes que hacer el pago de servicios o la adquisición de bienes.